El blog de Rafael Mesa

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Palabra social vs. Palabra individual

Posted on | Febrero 24, 2009 |

“Nuestra identidad se origina y desarrolla en relación a otros, no en nuestro interior”.

Esta inquietante y rotunda afirmación sale del trabajo del Licenciado Psicólogo, Roberto Melchiorre y que comparto con ustedes en cuanto al crecimiento esponencial producido con el fenómeno de las redes sociales que han hecho que nos relacionemos como nunca lo hemos hecho antes, tanto en cantidad como en calidad de acercamiento e intimidad. Es cierto, y empieza a ser un hecho a estudiar, que mediante la red muchas personas hacen un depósito de si mismas, que en el mundo físico no serían capaces. Y ahí es donde incide R. Melchiorre cuando afirma que “vivimos y nos desarrollamos en grupos y solo así. Y que no hace falta la palabra de la persona individual, hace falta la palabra social”.

El licenciado Melchiorre circunscribe esta situación a la circunstancia de tener que averiguar cuál es el perfil psicológico de una persona que ha muerto, el acceso a su personalidad. Está claro que si estuviera viva hablaríamos con esa persona y mediante diversas técnicas introsprectivas trataríamos de hacer aflorar lo que consideramos siempre que está en la profundidad, como si de un iceberg se tratara. Pero en el caso de una persona muerta la única forma de saber de su psicología es preguntándole a otras personas. Cada día resulta más evidente que nuestra personalidad está repartida, a cachitos, entre muchas personas, y con la presencia de las Social Communities de una forma explosiva. Por tanto ya no es suficiente con contactar con las personas de su entorno sino que hay que averiguar a que comunidades sociales en red pertenece, su perfil, frecuencia de visita, miembros de su red, flujos de comunicación, conexiones colaterales, etc… Melchiorre afirma que para la realización de su autopsia psicológica el método es:  “se visita la casa de la victima y se realizan entrevistas personales con los allegados”. Y yo afirmo, que es muy posible que los “allegados” sean los menos depositarios de información de la “victima” y tengamos que ir a “allegados virtuales” mas conocedores de la persona social y no tanto de la individual que cada día tiene menos peso en nuestra metáfora social.

Que quiero decir con “metáfora social”, pues que lo que damos como valor social y capacidad de comprensión de las personas está atada a la metáfora imperante en cada momento. Melchiorre nos recuerda la metáfora: “Personas como textos” que se mentiene en la actualidad como herramienta para entender a los otros. Consideramos lo que los demás dicen o hacen, como si fuera un texto a descifrar, y una vez logrado podremos conocer en profundidad a esa persona. Por tanto aplicando esta metáfora muy actual, nunca escuchamos realmente lo que nos dicen, ni observamos lo que los demás hacen, ya que nuestro propósito final es ir un poco más allá, o lo que es lo mismo, ir un poco más profundo, donde parece que está la “auténtica” persona.

Melchiorre nos recuerda que cada época ha tenido su metáfora, muletas que nos ayudan (¿o nos confunden?) a conocer el complejo mundo de la psique humana. Por ejemplo la mente como una máquina; el animal de laboratorio como soporte de investigación de la mente humana; la ley de la termodinámica y los paradigmas de la energía que se pierde y/o se recupera, como metáfora para el estudio de la líbido freudiana. Las metáforas como soportes de conocimiento siempre nos sitúan en la posición de pensar que “las personas son seres individuales que contienen en su interior (insconsiente) todas las respuestas”, afirma Melchiorre.

Por tanto frente a la ausencia de la persona en vida se rompe la metáfora de la lectura del texto a investigar que nos proporcionaría la contestación a nuestras preguntas. Y es aquí donde salta en pedazos la metáfora “Personas como textos”, ya que en realidad somos en estos momentos  “Personas como relaciones”, por lo que investigando las relaciones en las que participamos podremos saber de nuestros pensamientos, emociones, comportamientos, ideas, resultados visibles de nuestro patrón relacional.

Melchiorre nos adelanta que: “En el futuro tal vez ya no podamos siquiera considerarnos como seres meramente individuales sino siempre determinados por otros y a su vez determinándolos. Va a depender de la metáfora que se instale”.

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